Livorno es una ciudad obrera, un puerto industrial y es
además la cuna del Partido Comunista italiano. Allí nació un 4 de octubre de
1975 Cristiano Lucarelli, hijo de un estibador portuario, sindicalista y militante
del comunismo. Desde su infancia Cristiano vivió marcado por la ideología
comunista, algo que lo acompañaría a lo largo de toda su carrera futbolística. De
pequeño practicaba fútbol en los ratos libres que tenía en el día, mientras que
por las noches afianzaba su creencia política, repasando una y otra vez el
Manifiesto Comunista en su habitación, la misma que estaba empapelada con
imágenes de Lenin y de Antonio Gramsci.
Su vida era la militancia, y el fútbol tal vez sólo una
excusa para poder apoyar y ayudar a obras benéficas y huelgas de obreros. Para poder lograr sus
metas tuvo que marcharse de su ciudad natal y así hacerse un nombre en el mundo
del fútbol, algo que no fue fácil. Siempre tuvo que luchar y pasó por todos los
escalones del fútbol hasta llegar a elite. En 1992, con tan solo 17 años debutó
en la primera del Cuoipelli de la Serie D,
un año ahí le alcanzó para mostrarse y lograr que un equipo de una categoría
más alta se fije en él, fue el Pescara, que en ese entonces transitaba en la
Serie C. Dos temporadas más tarde llegaría
al Cosenza de la Serie B,
donde marcó 15 goles convirtiéndose en el goleador del su equipo, esto le
permitió pasar rápidamente al Padova, equipo con el que anotó en 14
oportunidades. El gran rendimiento en sus últimos dos clubes hizo que Atalanta
de la Serie A se
fije en este joven goleador y así se cumpla el objetivo de llegar a la máxima
categoría del Calcio. Junto con el pase a Atalanta llegó la citación al
seleccionado juvenil sub 21 de Italia.
El año 1997 marcó un antes y un después en la carrera de
Lucarelli. El jugador había sido convocado en varias oportunidades para jugar
con la selección sub 21, habiendo anotado 10 goles en la misma cantidad de
partidos jugados. Pero en uno de esos partidos cuando Italia se enfrentaba a
Moldavia, Cristiano marcó un golazo, se subió a un cartel de publicidad y
expuso la camiseta con la cara del Che Guevara que vestía debajo de la azurra. La Federación Italiana
de Fútbol pidió que ese chico irreverente no fuese citado nunca más, y así fue,
por lo menos hasta el 2005 cuando volvió a vestir la camiseta de su país frente
a Serbia.
Tras el incidente, Lucarelli debió emigrar al fútbol de
España, más precisamente a Valencia, donde jugó poco pero logró ganar la Copa del Rey. Volvió a su
país para jugar en Leche y Torino respectivamente, realizando grandes
temporadas en la Serie A.
Transcurría el 2003 y los más poderosos de Italia se
interesaban en el goleador y le ofrecían tentadoras sumas de dinero, sin
embargo Lucarelli tenía una respuesta para ellos “Para algunos, un sueño es ser millonario, comprarse una Ferrari o un
yate. Para mi lo mejor de mi vida sería jugar en Livorno”. Rechazó todas
las ofertas y se fue a jugar al club de sus amores en la segunda división a
cambio de mucho menos que la mitad de lo que le ofrecían los grandes del
Calcio.
Un nuevo ciclo comenzaba en la vida de Lucarelli, tal vez el
más lindo de su carrera. En su llegada a Livorno eligió el número 99 para su
camiseta, en honor al año de fundación de las Brigadas Autonomas Livonesas
(ultras comunistas del Livorno). En esa temporada Cristiano convirtió 29 goles
en 43 encuentros dándole el ascenso a su club, devolviéndolo a Primera tras 55
años.
Ya en Primera División fue goleador de la liga con 25 tantos
y logró clasificar al Livorno a la Copa
UEFA. Su objetivo en el fútbol estaba cumplido, era figura,
héroe y emblema su pueblo. En el 2007 cerró su primer ciclo en Livorno y hasta
su salida fue honorable y digna. Antes de irse prometió donar la mitad de su
nuevo sueldo a un diario local de la ciudad para crear nuevos empleos. Tras
esto se marchó al Shakhtar Donetsk, con el que jugaría la Champions League.
Volvió a Italia para el final de su carrera, pasando por Parma, Livorno
(segundo ciclo) y Nápoles, lugar donde le puso punto final a una larga
trayectoria, marcada por la dignidad, la lucha y la constancia.
Hoy se lo puede ver en las gradas del viejo estadio de
Livorno, rodeado de banderas del Che Guevara, Mao y Lenin, entonando orgulloso
Bella Ciao y Bandiera Rossa, canciones de ribetes netamente políticos. Un héroe
de carne y hueso, un luchador incansable.
Fuentes:
Historias del Calcio
Futbolistas de Izquierda
Javieresydemas.blogspot
CanchaLlena
Futbol Revelde

