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viernes, 22 de marzo de 2013

Un símbolo de dignidad, lucha y constancia



Livorno es una ciudad obrera, un puerto industrial y es además la cuna del Partido Comunista italiano. Allí nació un 4 de octubre de 1975 Cristiano Lucarelli, hijo de un estibador portuario, sindicalista y militante del comunismo. Desde su infancia Cristiano vivió marcado por la ideología comunista, algo que lo acompañaría a lo largo de toda su carrera futbolística. De pequeño practicaba fútbol en los ratos libres que tenía en el día, mientras que por las noches afianzaba su creencia política, repasando una y otra vez el Manifiesto Comunista en su habitación, la misma que estaba empapelada con imágenes de Lenin y de Antonio Gramsci.

Su vida era la militancia, y el fútbol tal vez sólo una excusa para poder apoyar y ayudar a obras benéficas y  huelgas de obreros. Para poder lograr sus metas tuvo que marcharse de su ciudad natal y así hacerse un nombre en el mundo del fútbol, algo que no fue fácil. Siempre tuvo que luchar y pasó por todos los escalones del fútbol hasta llegar a elite. En 1992, con tan solo 17 años debutó en la primera del Cuoipelli de la Serie D, un año ahí le alcanzó para mostrarse y lograr que un equipo de una categoría más alta se fije en él, fue el Pescara, que en ese entonces transitaba en la Serie C. Dos temporadas más tarde llegaría al Cosenza de la Serie B, donde marcó 15 goles convirtiéndose en el goleador del su equipo, esto le permitió pasar rápidamente al Padova, equipo con el que anotó en 14 oportunidades. El gran rendimiento en sus últimos dos clubes hizo que Atalanta de la Serie A se fije en este joven goleador y así se cumpla el objetivo de llegar a la máxima categoría del Calcio. Junto con el pase a Atalanta llegó la citación al seleccionado juvenil sub 21 de Italia.

El año 1997 marcó un antes y un después en la carrera de Lucarelli. El jugador había sido convocado en varias oportunidades para jugar con la selección sub 21, habiendo anotado 10 goles en la misma cantidad de partidos jugados. Pero en uno de esos partidos cuando Italia se enfrentaba a Moldavia, Cristiano marcó un golazo, se subió a un cartel de publicidad y expuso la camiseta con la cara del Che Guevara que vestía debajo de la azurra. La Federación Italiana de Fútbol pidió que ese chico irreverente no fuese citado nunca más, y así fue, por lo menos hasta el 2005 cuando volvió a vestir la camiseta de su país frente a Serbia.

Tras el incidente, Lucarelli debió emigrar al fútbol de España, más precisamente a Valencia, donde jugó poco pero logró ganar la Copa del Rey. Volvió a su país para jugar en Leche y Torino respectivamente, realizando grandes temporadas en la Serie A.
Transcurría el 2003 y los más poderosos de Italia se interesaban en el goleador y le ofrecían tentadoras sumas de dinero, sin embargo Lucarelli tenía una respuesta para ellos “Para algunos, un sueño es ser millonario, comprarse una Ferrari o un yate. Para mi lo mejor de mi vida sería jugar en Livorno”. Rechazó todas las ofertas y se fue a jugar al club de sus amores en la segunda división a cambio de mucho menos que la mitad de lo que le ofrecían los grandes del Calcio.

Un nuevo ciclo comenzaba en la vida de Lucarelli, tal vez el más lindo de su carrera. En su llegada a Livorno eligió el número 99 para su camiseta, en honor al año de fundación de las Brigadas Autonomas Livonesas (ultras comunistas del Livorno). En esa temporada Cristiano convirtió 29 goles en 43 encuentros dándole el ascenso a su club, devolviéndolo a Primera tras 55 años.
Ya en Primera División fue goleador de la liga con 25 tantos y logró clasificar al Livorno a la Copa UEFA. Su objetivo en el fútbol estaba cumplido, era figura, héroe y emblema su pueblo. En el 2007 cerró su primer ciclo en Livorno y hasta su salida fue honorable y digna. Antes de irse prometió donar la mitad de su nuevo sueldo a un diario local de la ciudad para crear nuevos empleos. Tras esto se marchó al Shakhtar Donetsk, con el que jugaría la Champions League. Volvió a Italia para el final de su carrera, pasando por Parma, Livorno (segundo ciclo) y Nápoles, lugar donde le puso punto final a una larga trayectoria, marcada por la dignidad, la lucha y la constancia.
Hoy se lo puede ver en las gradas del viejo estadio de Livorno, rodeado de banderas del Che Guevara, Mao y Lenin, entonando orgulloso Bella Ciao y Bandiera Rossa, canciones de ribetes netamente políticos. Un héroe de carne y hueso, un luchador incansable. 

Fuentes:
           Historias del Calcio
           Futbolistas de Izquierda
           Javieresydemas.blogspot
           CanchaLlena 
           Futbol Revelde