Y un día se terminó de cerrar la puerta. Parecía que esta
vez sí la vuelta de Román estaba cerca, que Carlos Bianchi sea el entrenador
del equipo Xeneize le suma un plus a la posibilidad. Fueron 18 días de
incertidumbre, en donde muchos se animaban a afirmar que Riquelme se volvería a
vestir con las 10 de Boca, en donde otros aprovechaban la situación para
llenarse la boca con críticas al ídolo que aparentemente iba a fallar a su palabra.
Román es así, impredecible, y es una de las pocas personas en
el mundo del fútbol que cuando dice algo lo cumple. Si bien es claro que la presencia
de Bianchi le hizo reflexionar y pensar su decisión, él siempre supo que dar
marcha atrás en sus palabras sería un costo muy caro por pagar, y que alguien
que repite en reiteradas oportunidades lo importante que son sus códigos y su
palabra debía respetar la misma.
Mucha agua pasó bajo el puente en estos 18 días, desde la
asunción del Virrey hasta el inicio de la pretemporada. Varios llamados telefónicos
y alguna que otra reunión entre el ídolo, el dt y el presidente Angelici hacían
ilusionar al hincha xeneize. En la última semana se habló de muchas cosas,
primero que Román quería un año más de contrato, después de una deuda que el
club mantenía con el jugador, y más tarde hasta se llegó a decir que el
problema estaba en el tope del dólar que se había impuesto en el contrato. La
verdad de porque cuando parecía inminente el regreso del 10 finalmente fue el
adiós definitivo sólo queda para los protagonistas principales de la historia,
nosotros nos debemos conformar con que todos esto se dio así porque Riquelme
tiene palabra y la palabra no se mancha.

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